miércoles, 27 de noviembre de 2013

FRANCISCO JAVIER: UN SANTO QUE DEJÓ HUELLA

Javier era una chaval normal y corriente. Nacido en Navarra, hace ya cinco siglos, en una familia acomodada que pronto lo envió a estudiar a Francia. Con 18 años ya estaba en París en una pensión donde conoció a Ignacio, un amigo vasco que acabaría cambiando su vida ¡qué importantes son las compañías! De hecho, jamás volvió a su casa. 

Javier estaba siempre de juerga, pero Ignacio le hizo darse cuenta de que podía hacer algo más con su vida. Ignacio le insistía constantemente: “¿de qué te sirve ganar el mundo si te pierdes a ti mismo?” Finalmente, Javier recapacitó y se unió a la compañía que acaba de fundar Ignacio con otros seguidores. Hicieron voto de pobreza y se comprometieron como misioneros.

Mandaron a Javier a Lisboa donde embarcó con rumbo a la India. Un viaje de meses, pasando por el Cabo de Buena Esperanza (Sudáfrica), Mozambique, hasta llegar a Goa (India). En Goa se dedicó a ayudar a enfermos, presos y esclavos, además de enseñar valores cristianos en una sociedad que estaba muy corrupta. Después de unos meses, se dirigió a Sri Lanka donde continuó su labor misionera y de enseñanza a los más pobres. 

Defendió los derechos de los nativos en una época donde los europeos colonizaban y explotaban a los pobladores de los países que invadían. Se ganó a la gente con su formas, educación y bondad. 

Decidió ir a Japón, un país que no conocía a los europeos y donde dio a conocer el cristianismo. Finalmente partió hacia China, país prohibido para extranjeros, pero cayó enfermo y acabó muriendo a las puertas, frente a China, en la isla de Shangchuan.

Junto con Ignacio fue santificado en 1622. De hecho, hoy en día, muchas Instituciones tienen el nombre de Javier en su honor. Es también patrono de las misiones y de Navarra. Y, como no, da el nombre a la Institución Javeriana, fundada en 1941 por el Padre Manuel Marín Triana, con el fin de proteger a las jóvenes trabajadoras que se encontraban desprotegidas socialmente. 

De ahí, las javerianas, las religiosas que realizan hoy en día una misión educadora y una función social en sus centros de España, Méjico y Colombia y que imprimen a la escuela ese carácter de solidaridad, comprensión, sencillez, familiaridad y atención al que lo necesita.




Porque Javier, hoy en día, sería un joven que deja todo por ayudar a los demás. Estudia, pero prioriza su vocación de servicio; no le interesa tener un puestazo. Colabora con sus amigos y compañeros, no compite, busca siempre el modo de defender al débil. No soporta la injusticia ni la prepotencia. Protesta cuando es necesario, pero se adapta a las malas condiciones. Comprometido con los que sufren, con los inmigrantes, con los débiles y con los que no tienen nada. Javier hoy sería alguien que trata bien a los demás, con amor, respeto y educación. Una persona en la que confiar que lo da todo y es capaz de todo por cualquier ser humano.